Y después del coronavirus, ¿qué sigue en el panorama financiero ?

Profesionista cruzando un puente con la leyenda POST-COVID-19

El mundo como lo conocemos, no volverá a ser igual. No importa el tiempo que dure la presente contingencia sanitaria o la forma en la que la misma nos termine afectando, es claro que los esquemas y paradigmas actuales de convivencia, así como de producción, distribución y comercialización de bienes y servicios, entrarán en un proceso crítico de evaluación, actualización y corrección.

 

En efecto, aún y cuando la pandemia no se hubiere presentado en nuestras vidas, la evidencia existente sugiere que nos encontramos en un punto de inflexión en relación al proceso de globalización que, bajo sus características actuales, hemos venido experimentando a partir de 1946.  Por una parte, el crecimiento económico a nivel global se ha venido ralentizando y por la otra, pareciera que los sistemas democráticos del orbe se encuentran bajo un constante escrutinio y ataque, y los gobiernos no coadyuvan a una efectiva cooperación internacional. La sociedad es mucho más participativa y contestataria; y las redes sociales y sistemas actuales de información juegan un papel clave en esto.

 

Desde luego, las condiciones son muy diferentes, pero es muy probable que la última vez que la humanidad experimentó un momento como este, fue a la conclusión de la Primera Guerra Mundial en donde coincidentemente, también una terrible enfermedad mermó de manera significativa a la población.  Por ello, la adaptación que deberemos seguir en nuestras vidas, así como en nuestros sistemas de producción y comercialización deberá reconocer ambos fenómenos; por una parte, el momento histórico que vive la humanidad; por la otra, las desastrosas consecuencias económicas que dejará la lucha contra el virus, en sí mismo, un producto por antonomasia de la globalización.

 

Los efectos de la pandemia en el PIB mundial

 

Todas las crisis son devastadoras; todas tienen componentes comunes, pero también, todas, se diferencian claramente entre sí. Lo que es único de la actual es la potencial afectación económica que traerá.  Estimados conservadores consideran que entre el 40 y 50 por ciento del PIB mundial se encuentra ya paralizado por las medidas de contención sin que se cuente, a la fecha, con una idea clara de cuándo y bajo qué circunstancias, se levantarán las restricciones respectivas y la velocidad de las mismas.

 

Pero es precisamente porque el mundo no volverá a ser igual, que las soluciones que se implementen tendrán que ser particularmente creativas e innovadoras, poniendo al cliente al centro del diseño de las mismas. Nos tendremos que mover invariablemente del concepto “one size fits all”, a reforzar la generación de soluciones que busquen atender las necesidades específicas de los clientes, los cuales, además, son vacilantes y temerosos de querer volver a salir a las calles dadas las circunstancias actuales.

 

El papel de la tecnología en la recuperación económica post-pandemia

 

Como siempre, pero más ahora, la tecnología y el acceso a soluciones de carácter remoto jugarán un papel fundamental en este proceso. En la medida en la que se encuentren herramientas que permitan a los consumidores recobrar la confianza, en esa misma medida el proceso de reincorporación a la productividad será sostenible en el mediano y largo plazos.

 

Grandes oportunidades derivan de las grandes crisis.  Nunca antes el mundo había experimentado procesos tan acelerados en materia digital y de colaboración vía remota.  En nuestras manos está poder capitalizar estas soluciones con objeto de adaptarnos a la nueva realidad que nos regirá a partir de ahora.  La precariedad de la economía, así nos lo exigirá. De otra suerte, los efectos de estos fenómenos serán mucho más duraderos de lo que originalmente teníamos conceptualizado.